
¿Cuándo fue la última vez que te dijeron «no pasa nada»?
Intenta recordar cuando fue la primera vez que te dijeron “no pasa nada”, seguramente, ni te acuerdes, ya que es una expresión muy “popular” o común.
Piensa en la última vez que te lo dijeron, ¿cómo te sentiste? Pues seguramente, así, se siente él o ella.
Y me dirás, “No, ahí, te pasaste. Es que se puso a llorar porque se le cayó su galleta, no tiene punto de comparación”.
Vale, entiendo ese razonamiento, pero vamos a ver qué ha podido despertar esa respuesta.
Si te dijeran, “oye tu pareja te engaña con otra, pero no pasa nada”, creo que podrías mandar poco lejos a la persona que te dijera ese “no pasa nada”.
La relación que mantienes con tu pareja donde habéis acordado la monogamia y poder descubrir que te ha sido infiel, es un palo muy gordo.
Y seguirá habiendo gente que diga, “te estás columpiando”.
Analicemos: se acostó anoche con las ganas de comer dulces, pero lo hiciste genial y conseguiste que se durmiera con la promesa de que mañana, se podría comer una galleta al merendar. Hasta aquí todo normal.
Se levanta al día siguiente y puede que te lo recuerde, o puede que no, pero al llegar la hora de la merienda, su único objetivo, es esa galleta, ¿por qué? Porque se lo prometiste ayer por la noche. Esa galleta era “su todo”. Y no es sólo por la galleta en sí, sino por tu promesa, porque los adultos siempre dicen la verdad y porque eres una diosa para él o ella. Comer la galleta es la culminación de toda su esperanza y fe puestas en nuestras manos.
Si se le cae y se le dice “no pasa nada”, que pueda estar muy confundido o confundida, ¿cómo no va a pasar nada?
O un «tengo sed2, a la hora de dormir, y a lo mejor ya le hemos dado agua 2 o 3 veces antes. Y nos puede saltar un “es imposible que tengas sed, acabas de beber dos o tres veces antes”.
¿Te has parado a pensar que tal vez no era agua lo que necesitaba?
¿Cuántas veces hemos invalidado los sentimientos ? La galleta, el agua, hacer pipí, no querer saludar a alguien… estamos imponiendo nuestra preferencia o idea, a lo que él o ella hace.
¿Y de dónde viene esto? Pues seguramente lo aprendiste porque lo hicieron contigo. Lo que haces a diario contigo, lo que repites con él o ella.
Es importante saber dónde tenemos nuestras heridas, dónde están nuestros miedos y reconocer aquello que nos hace daño, ya que lo repetimos desde pequeñitas, porque lo que nos decían cuando éramos pequeñas, es nuestra voz interna.
Acompaña con amor a ese pequeño cuerpo, valida sus emociones y sentimientos y ayuda a que la voz interna de él o ella, el día de mañana, sea más compasiva y amorosa consigo misma o mismo.
Y tú, ¿estás de acuerdo? Te leemos